• 15 de febrero de 2026 08:57

Cosquín Rock 2026, día 1: crossovers inesperados, mucho pop y el lujo internacional con Franz Ferdinand

Porradioplayjujuy

Feb 15, 2026

La edición 2026 del Cosquín Rock comenzó en la tarde del sábado con un clima cálido y húmedo.

El ingreso al aeródromo fue tranquilo, sin la efervescencia ni el fervor propio del aguante que acompañaba a cada banda en años anteriores.

Con una programación heterogénea, que mezcló varios géneros no encasillados en el tradicional rock nacional, hubo sinergia entre seguidores y fans tanto de Las Pelotas, como de Ciro, Lali y Dillom.

Locales en las sierras

Las bandas cordobesas Los Mentidores y Eruca Sativa oficiaron de maestros de ceremonia para dar la bienvenida.

La banda de José Palazzo saludaba a quienes ingresaban por el sector de La Casita del Blues, mientras que el power trio hacía lo propio con quienes entraban por el escenario Norte.

Al finalizar sus sets, el grueso del público se concentró en el escenario Montaña para el recital de Bersuit Vergarabat.

Veinticinco años atrás habían sido una de las bandas principales en la primera edición del festival. Ahora regresaron tras varios años fuera de la grilla.

Enérgicos y con una lista que mezcló clásicos de siempre con temas posteriores a la salida de Cordera, protagonizaron un gran reencuentro con el público.

Como era de esperarse, hubo mensaje político y un llamado a luchar contra un gobierno de “fachos”. Se despidieron con un saludo a las Abuelas de Plaza de Mayo y con un guiño a la Mona Jiménez al interpretar La Bolsa.

Simultáneamente, en el escenario Sur, Emi Brancciari se presentó como solista con su propio repertorio.

Sin el horario central del que goza con No Te Va Gustar, enfrentó el desafío de cautivar al público que se acercó tímidamente.

Redondeó un sólido show con homenaje a Charly García incluido.

La nueva generación

Más allá de las bandas históricas del festival, hubo artistas de la nueva generación que captaron la atención de buena parte del público.

Un ejemplo fue El Zar, que con su pop cancionero y bailable reunió a una gran audiencia en el escenario Norte.

Pero hubo una artista que desbordó de rock el escenario Montaña. Con el histrionismo que la caracteriza, Marilina Bertoldi salió a escena como si fuera una concursante confundida de un certamen de belleza. Vestido violeta strapless, una banda que cruzaba su pecho con la inscripción “Miss Cosquín” y una peluca rubia de gran volumen, además de lentes redondos estilo secretaria: todo formó parte de una puesta tan irónica como potente.

Tras un breve acting inicial, enlazó canciones que resonaron con fuerza en el pecho del público. Acompañada por una (nueva) banda sólida y ajustada, con solos de guitarra filosos, desató pogos que tuvieron a Lula Bertoldi agitando desde abajo del escenario, mezclada entre la gente.

Marilina Bertoldi en Cosquín Rock 2026. (Javier Ferreyra/La Voz)

En el arranque, la artista manifestó algunos inconvenientes técnicos, aunque no tardó en encauzar el show. Los músicos, en sintonía con la propuesta estética, también lucieron looks especialmente intervenidos para la ocasión.

Tal como se había adelantado, el escenario sorpresa fue el lugar de encuentro entre artistas para atraer al público disperso.

En la previa de Dillom y Ciro y Los Persas se dio un cruce que llamó la atención de todos. Ale Kurz, ex El Bordo, se dio el lujo de invitar a Abel Pintos para hacer una superversión de Ji Ji Ji. El “pogo más grande de Cosquín” se hizo sentir fuerte.

En esa misma sintonía de cruces inesperados, mientras daban su concierto en el escenario Montaña, El Kuelgue tuvo el enorme gesto de invitar a Lito Nebbia para hacer Solo se trata de vivir. Un homenaje en vida para un prócer del rock nacional.

Dillom versus Ciro y Los Persas

Puntual a las 19.30, Dillom salió a escena vestido como un oficinista que trabaja 12 horas y le imprimió rap y distorsión a su set.

Consciente de la escasa convocatoria (Ciro tocaba a la misma hora), le pidió al público que se acercara antes de rapear Pelotuda.

Todavía era de día, pero la banda aportó oscuridad con un rock bien pesado.

Hard rock, heavy metal y punk atravesaron la voz de un artista de la nueva generación, ya consolidado con discos cargados de concepto.

“¿Qué hacen acá? Deberían estar trabajando”, bromeó y se sacó la camisa y se puso la corbata en la cabeza.

Rojo Profundo y Buenos tiempos levantaron al público que acompañó a Dillom en su quinto Cosquín consecutivo, hecho que celebró.

“Para los que no me conocen, somos Ciro y Los Persas”, cerró, mientras en el escenario Sur la banda con músicos de Los Piojos interpretaba Morella nada menos que con Ricardo Mollo de Divididos como invitado.

La multitud que eligió a Ciro vibró con una colaboración estelar, con dos artistas que tocaron también en la primera edición del festival realizada en 2001.

Rock & Pop

El mencionado cruce de generaciones y estilos tuvo una imagen panorámica en esta edición del Cosquín Rock 2026.

Así se vio en los escenarios principales en el horario central. Por ejemplo, tras brillar en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María y en la Plaza Próspero Molina, Abel Pintos debutó en el predio de Santa María de Punilla y colmó la zona del escenario Boomerang.

A fuerza de canciones y hits irresistibles, el artista desplegó una lista atravesada por el amor, con parejas que se abrazaban y bailaban mientras celebraban cada tema.

Pintos es un artista que desde hace tiempo juega en otra liga. Su presentación coincidió con las de Ciro y los Persas y Babasónicos. Sin embargo, salió ovacionado por un público visiblemente feliz.

En otro de los platos fuertes de la grilla, Babasónicos ofreció un show sólido, en complicidad con una escenografía de lujo y un dominante color rojo que se extendía desde el vestuario de Adrián Dárgelos hasta la puesta integral. En Cosquín, la banda suele alternar presentaciones fastuosas con otras de menor impacto. Esta vez, brilló para el deleite de la gente. Más allá de algunos temas de su último disco, sonaron los clásicos de siempre: Los calientes, Vampi, e Irresponsables, entre otros infalibles. “¡Qué linda noche nos tocó!“, celebró el cantante, antes de bajar.

La primera jornada del festival tuvo una cuota de renombre internacional con Franz Ferdinand en el Escenario Montaña. A las 22.40, ni un minuto más ni un minuto menos, los escoceses agarraron sus respectivos instrumentos y por espacio de una hora (exacta, ya que se fueron a las 23.40) recordaron que forman una de mejores bandas del siglo y certificaron que Cosquín Rock ganó en prestigio al incluirla en su grilla.

“¡Cosquín Rock!”, precisamente fue el esmerado grito de arenga del líder Alex Kapranos, cuya estampa (delgadez, buena estatura y ese gesto de aristocracia rockera de dejarse la Telecaster colgando por un rato) magnetizó de movida.

Claro que para el embeleso ayudaron sus compañeros, todos de pose similar y tan funcionales como él a un espectáculo granítico, producto de la amalgama de new wave, glam e irresistible gancho pop.

En uno de los mejores momentos de la jornada y casi a la medianoche el escenario Norte fue testigo del segundo show de Lali en su historia en el festival.

La artista, que viene de cerrar el año llenando River Plate, salió a escena con un vestido que emulaba recortes de diarios con críticas en su contra. “Ladri depósito” y “Qué asco lo de Lali” se podía leer a lo lejos.

Lali en Cosquín Rock 2026. (Javier Ferreyra/La Voz)

Si bien brilló en cada uno de los hits que interpretó, llamó la atención que por momentos delegara la voz en la pista para entregarse de lleno a las coreografías. Como fuera, sus canciones hicieron saltar y bailar a la multitud: Motiveishon, Soy y Plástico estuvieron entre las más celebradas.

En el tramo central del show se lució con una potente versión de Los viejos vinagres, de Sumo, subrayando la frase “Para vos lo peor es la libertad”. El cierre llegó con Fanático, convertido ya en su himno más confrontativo contra el presidente Javier Milei.

​La edición 2026 del Cosquín Rock comenzó en la tarde del sábado con un clima cálido y húmedo.El ingreso al aeródromo fue tranquilo, sin la efervescencia ni el fervor propio del aguante que acompañaba a cada banda en años anteriores.Con una programación heterogénea, que mezcló varios géneros no encasillados en el tradicional rock nacional, hubo sinergia entre seguidores y fans tanto de Las Pelotas, como de Ciro, Lali y Dillom.Locales en las sierrasLas bandas cordobesas Los Mentidores y Eruca Sativa oficiaron de maestros de ceremonia para dar la bienvenida.La banda de José Palazzo saludaba a quienes ingresaban por el sector de La Casita del Blues, mientras que el power trio hacía lo propio con quienes entraban por el escenario Norte.Al finalizar sus sets, el grueso del público se concentró en el escenario Montaña para el recital de Bersuit Vergarabat.Veinticinco años atrás habían sido una de las bandas principales en la primera edición del festival. Ahora regresaron tras varios años fuera de la grilla.Enérgicos y con una lista que mezcló clásicos de siempre con temas posteriores a la salida de Cordera, protagonizaron un gran reencuentro con el público.Como era de esperarse, hubo mensaje político y un llamado a luchar contra un gobierno de “fachos”. Se despidieron con un saludo a las Abuelas de Plaza de Mayo y con un guiño a la Mona Jiménez al interpretar La Bolsa.Simultáneamente, en el escenario Sur, Emi Brancciari se presentó como solista con su propio repertorio.Sin el horario central del que goza con No Te Va Gustar, enfrentó el desafío de cautivar al público que se acercó tímidamente.Redondeó un sólido show con homenaje a Charly García incluido.La nueva generaciónMás allá de las bandas históricas del festival, hubo artistas de la nueva generación que captaron la atención de buena parte del público.Un ejemplo fue El Zar, que con su pop cancionero y bailable reunió a una gran audiencia en el escenario Norte.Pero hubo una artista que desbordó de rock el escenario Montaña. Con el histrionismo que la caracteriza, Marilina Bertoldi salió a escena como si fuera una concursante confundida de un certamen de belleza. Vestido violeta strapless, una banda que cruzaba su pecho con la inscripción “Miss Cosquín” y una peluca rubia de gran volumen, además de lentes redondos estilo secretaria: todo formó parte de una puesta tan irónica como potente.Tras un breve acting inicial, enlazó canciones que resonaron con fuerza en el pecho del público. Acompañada por una (nueva) banda sólida y ajustada, con solos de guitarra filosos, desató pogos que tuvieron a Lula Bertoldi agitando desde abajo del escenario, mezclada entre la gente.En el arranque, la artista manifestó algunos inconvenientes técnicos, aunque no tardó en encauzar el show. Los músicos, en sintonía con la propuesta estética, también lucieron looks especialmente intervenidos para la ocasión.Tal como se había adelantado, el escenario sorpresa fue el lugar de encuentro entre artistas para atraer al público disperso. En la previa de Dillom y Ciro y Los Persas se dio un cruce que llamó la atención de todos. Ale Kurz, ex El Bordo, se dio el lujo de invitar a Abel Pintos para hacer una superversión de Ji Ji Ji. El “pogo más grande de Cosquín” se hizo sentir fuerte.En esa misma sintonía de cruces inesperados, mientras daban su concierto en el escenario Montaña, El Kuelgue tuvo el enorme gesto de invitar a Lito Nebbia para hacer Solo se trata de vivir. Un homenaje en vida para un prócer del rock nacional.Dillom versus Ciro y Los PersasPuntual a las 19.30, Dillom salió a escena vestido como un oficinista que trabaja 12 horas y le imprimió rap y distorsión a su set.Consciente de la escasa convocatoria (Ciro tocaba a la misma hora), le pidió al público que se acercara antes de rapear Pelotuda.Todavía era de día, pero la banda aportó oscuridad con un rock bien pesado.Hard rock, heavy metal y punk atravesaron la voz de un artista de la nueva generación, ya consolidado con discos cargados de concepto.“¿Qué hacen acá? Deberían estar trabajando”, bromeó y se sacó la camisa y se puso la corbata en la cabeza.Rojo Profundo y Buenos tiempos levantaron al público que acompañó a Dillom en su quinto Cosquín consecutivo, hecho que celebró.“Para los que no me conocen, somos Ciro y Los Persas”, cerró, mientras en el escenario Sur la banda con músicos de Los Piojos interpretaba Morella nada menos que con Ricardo Mollo de Divididos como invitado. La multitud que eligió a Ciro vibró con una colaboración estelar, con dos artistas que tocaron también en la primera edición del festival realizada en 2001.Rock & PopEl mencionado cruce de generaciones y estilos tuvo una imagen panorámica en esta edición del Cosquín Rock 2026.Así se vio en los escenarios principales en el horario central. Por ejemplo, tras brillar en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María y en la Plaza Próspero Molina, Abel Pintos debutó en el predio de Santa María de Punilla y colmó la zona del escenario Boomerang. A fuerza de canciones y hits irresistibles, el artista desplegó una lista atravesada por el amor, con parejas que se abrazaban y bailaban mientras celebraban cada tema.Pintos es un artista que desde hace tiempo juega en otra liga. Su presentación coincidió con las de Ciro y los Persas y Babasónicos. Sin embargo, salió ovacionado por un público visiblemente feliz.En otro de los platos fuertes de la grilla, Babasónicos ofreció un show sólido, en complicidad con una escenografía de lujo y un dominante color rojo que se extendía desde el vestuario de Adrián Dárgelos hasta la puesta integral. En Cosquín, la banda suele alternar presentaciones fastuosas con otras de menor impacto. Esta vez, brilló para el deleite de la gente. Más allá de algunos temas de su último disco, sonaron los clásicos de siempre: Los calientes, Vampi, e Irresponsables, entre otros infalibles. “¡Qué linda noche nos tocó!“, celebró el cantante, antes de bajar.La primera jornada del festival tuvo una cuota de renombre internacional con Franz Ferdinand en el Escenario Montaña. A las 22.40, ni un minuto más ni un minuto menos, los escoceses agarraron sus respectivos instrumentos y por espacio de una hora (exacta, ya que se fueron a las 23.40) recordaron que forman una de mejores bandas del siglo y certificaron que Cosquín Rock ganó en prestigio al incluirla en su grilla.“¡Cosquín Rock!”, precisamente fue el esmerado grito de arenga del líder Alex Kapranos, cuya estampa (delgadez, buena estatura y ese gesto de aristocracia rockera de dejarse la Telecaster colgando por un rato) magnetizó de movida.Claro que para el embeleso ayudaron sus compañeros, todos de pose similar y tan funcionales como él a un espectáculo granítico, producto de la amalgama de new wave, glam e irresistible gancho pop.En uno de los mejores momentos de la jornada y casi a la medianoche el escenario Norte fue testigo del segundo show de Lali en su historia en el festival. La artista, que viene de cerrar el año llenando River Plate, salió a escena con un vestido que emulaba recortes de diarios con críticas en su contra. “Ladri depósito” y “Qué asco lo de Lali” se podía leer a lo lejos.Si bien brilló en cada uno de los hits que interpretó, llamó la atención que por momentos delegara la voz en la pista para entregarse de lleno a las coreografías. Como fuera, sus canciones hicieron saltar y bailar a la multitud: Motiveishon, Soy y Plástico estuvieron entre las más celebradas.En el tramo central del show se lució con una potente versión de Los viejos vinagres, de Sumo, subrayando la frase “Para vos lo peor es la libertad”. El cierre llegó con Fanático, convertido ya en su himno más confrontativo contra el presidente Javier Milei.