• 8 de febrero de 2026 04:01

Las condiciones para crecer están dadas, el desafío es aprovecharlas

Porradioplayjujuy

Feb 8, 2026

Si bien el año 2025 terminó registrando un ritmo de crecimiento económico que casi duplicó el promedio de la región, gran parte de ese desempeño se explicó por la comparación con un 2024 marcado por un fuerte proceso de corrección de los desequilibrios macroeconómicos, que derivó en un primer cuatrimestre particularmente recesivo. Ese piso bajo favoreció la comparación interanual, incrementando estadísticamente la tasa de crecimiento anual y generando una lectura más favorable de los datos agregados.

Ahora bien, si se analiza lo ocurrido a lo largo del año 2025, se observa que la economía estuvo virtualmente estancada, además de exhibir desempeños muy heterogéneos entre sectores. Mientras algunos sectores se encuentran en niveles máximos históricos, otros continuaron operando muy por debajo de esos registros. Al intentar explicar este magro resultado agregado, se destaca como principal factor explicativo la fuerte compra de activos externos en un contexto de elevada incertidumbre asociada al año electoral, que condicionó las decisiones de gasto e inversión.

Entre abril y octubre, los argentinos adquirieron activos de libre disponibilidad por más de US$30.000 millones. En apenas siete meses, se retiró poder de compra de la economía por el equivalente a casi cinco puntos porcentuales del PBI, que fueron a parar al “colchón”. Este proceso no sólo afectó el consumo, sino también la inversión y el financiamiento interno, limitando la recuperación de la actividad. La pregunta que se abre ahora es qué puede ocurrir en 2026, en un escenario sin elecciones y con un punto de partida macroeconómico distinto.

Ante la incertidumbre, la respuesta de los argentinos vuelve a ser la misma, contraer poder de compra y acumular “canutos” en el colchón, siempre a costa de la actividad económica.

Mientras que el crecimiento de largo plazo se explica por los factores que afectan la capacidad productiva de la economía —empleo, capital y productividad—, el desempeño de corto plazo está determinado por los factores que impulsan la demanda agregada interna. Estos pueden agruparse en aquellos vinculados al contexto internacional, a la política económica doméstica o a factores exógenos, como el clima en el caso del sector agropecuario, que inciden de manera directa sobre el nivel de actividad.

El escenario internacional presenta un elevado nivel de incertidumbre, tanto económica —con focos de atención en China, Japón y Estados Unidos— como, especialmente, geopolítica. A los conflictos en Ucrania, Israel e Irán se suman las tensiones en torno a Taiwán, las presiones de Estados Unidos sobre Groenlandia, la captura de Maduro en Venezuela y la posibilidad de una intervención en Cuba, además del siempre latente riesgo sobre el comercio de petróleo derivado de la inestabilidad en el Cuerno de África. Sin embargo, para que estos factores afecten de manera significativa la actividad local deben traducirse en flujos económicos concretos. Los posibles canales de transmisión son la evolución de los socios comerciales, los precios internacionales de exportaciones e importaciones o las variaciones en los flujos de capitales hacia el país en cuestión.

En este sentido, el FMI proyecta en sus Perspectivas Económicas Mundiales una tasa de crecimiento global similar a la registrada en 2025. En cuanto a los precios internacionales, Argentina experimentó el año pasado una mejora en los términos del intercambio: si bien los precios de exportación mostraron un leve retroceso, los de los bienes importados cayeron con mayor fuerza, beneficiando al conjunto de la economía. De este modo, la variable clave para este año será el comportamiento de los flujos de capitales. Luego del intenso proceso de dolarización observado en 2025, que dejó a la monetización de la economía en mínimos históricos, y en ausencia de un proceso electoral —principal fuente de incertidumbre el año pasado—, sería razonable esperar un impulso a la demanda agregada por esta vía, ya sea a través del ingreso de capitales o incluso mediante una menor dolarización respecto de la observada el año previo, en un contexto global en el que la diversificación de portafolios está resultando favorable para las economías emergentes, en especial las latinoamericanas.

En cuanto a los impulsos internos, si bien no es esperable un estímulo fiscal dado el compromiso del Gobierno nacional con el equilibrio de las cuentas públicas, una eventual remonetización de la economía incrementaría la capacidad prestable del sistema financiero. En un contexto de normalización de las tasas de interés y menor volatilidad macroeconómica, ello podría contribuir al resurgimiento del crédito al sector privado y a una gradual recuperación del consumo y la inversión.

Finalmente, aunque comienzan a registrarse algunos signos de déficit hídrico, las estimaciones de volumen de cosecha agropecuaria, combinadas con los precios internacionales vigentes, anticipan un aumento en el valor de la cosecha respecto del año previo, generando un nuevo impulso a la demanda agregada y al ingreso de divisas.

Si bien el contexto luce favorable para el país en términos de crecimiento económico, ello no exime de los desafíos que deberán enfrentar los distintos agentes económicos. Entre ellos se destacan la necesidad de avanzar en un cambio de la estructura productiva de una economía que busca reinsertarse en el mundo y, al mismo tiempo, adaptarse a un régimen de menor inflación. La reducción sostenida de la nominalidad elimina los “beneficios” transitorios de la inflación como mecanismo de licuación de ineficiencias y obliga a un proceso de mayor productividad, competencia y disciplina empresaria.

Al mismo tiempo, dado que la economía se sustenta en la confianza, cualquier evento —interno o internacional— que la socave podría derivar en un deterioro del escenario planteado. En este sentido, si bien el contexto internacional no está bajo control local, los esfuerzos de la política económica deben concentrarse en evitar errores que afecten la credibilidad del programa. La experiencia es clara: ante la incertidumbre, la respuesta de los argentinos vuelve a ser la misma, contraer poder de compra y acumular “canutos” en el colchón, siempre a costa de la actividad económica.

El autor es economista, Jefe BlackTORO Global Investments y profesor IAE Business School – Universidad Austral

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