• 5 de febrero de 2026 01:17

Un mes sin la sombra de Maduro y bajo la tutela de EE.UU.

Porradioplayjujuy

Feb 4, 2026

Delcy Rodríguez cumple este jueves su primer mes como presidenta de Venezuela en un escenario inédito: la ausencia de Nicolás Maduro tras su detención en una operación militar de Estados Unidos sin autorización del Congreso norteamericano. En apenas 30 días, la dirigente chavista debió asumir el mando político y militar del país, reorganizar un Gobierno golpeado por la crisis institucional y abrir un canal directo con Washington, al tiempo que proclamó la defensa de la soberanía nacional y la necesidad de una salida política interna.

De perfil sobrio, con discursos breves y una imagen de académica, Rodríguez se convirtió en la cara visible de un chavismo obligado a adaptarse a una etapa de transición tutelada por Estados Unidos. Su estilo contrasta con los largos y encendidos mensajes de Hugo Chávez y su sucesor en el despacho mayor del Palacio de Miraflores: intervenciones concisas, anuncios puntuales y un énfasis marcado en la gestión económica. Desde el 5 de enero, cuando juró ante la Asamblea Nacional como la primera mujer en ocupar la presidencia en la historia venezolana, su prioridad fue sostener la continuidad del poder y mostrar capacidad de diálogo con el poder fáctico externo.

El acercamiento con la Casa Blanca fue uno de los rasgos centrales de este primer mes. El 14 de enero, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó una conversación telefónica con Rodríguez, a la que calificó de “excelente”, y la describió como una “persona fantástica” con la que su gobierno ha “trabajado muy bien”. A partir de ese contacto, se estableció una agenda bilateral centrada en tres ejes: estabilización, recuperación económica y transición política. La llegada a Caracas de la embajadora Laura Dogu, el sábado pasado, selló el restablecimiento formal de la misión diplomática estadounidense tras siete años de ruptura.

Diálogo y autonomía

Sin embargo, Rodríguez combinó ese diálogo con un discurso público de afirmación de autonomía. El 25 de enero reclamó que sea la política venezolana “quien resuelva las divergencias” del país, al tiempo que criticó a una oposición sin un espacio definido en el nuevo escenario político. Dos días antes había propuesto un “diálogo político” con sectores coincidentes y divergentes, buscando mostrarse como figura de cohesión interna en un chavismo sacudido por la detención de quien había conducido los destinos del país bolivariano desde el 5 de marzo de 2013.

En el plano interno, su gestión evidenció un fuerte acento económico, especialmente en el sector petrolero, área que conoce de primera mano por su paso previo por el Ministerio de Hidrocarburos y por el Ministerio de Economía, Finanzas y Comercio Exterior de Venezuela. El 15 de enero presentó una reforma a la Ley de Hidrocarburos destinada a atraer inversiones extranjeras y dar un giro más abierto -de tono “capitalista”- al manejo del petróleo. La iniciativa fue sancionada por el Parlamento el 29 de enero, en un gesto de respaldo político a su liderazgo.

También anunció acuerdos con Estados Unidos para la comercialización de crudo por 500 millones de dólares, de los cuales 300 millones ingresarían directamente a Venezuela. Además, exhibió los primeros avances de su estrategia económica con la firma del primer contrato de exportación de gas licuado de petróleo en la historia del país y prometió inyectar divisas a la banca para estabilizar el complejo sistema cambiario, donde conviven el bolívar y el dólar como referencia de precios.

Con equipo propio

En paralelo, impulsó una reestructuración del gabinete. El 16 de enero fusionó los ministerios de Industrias y Producción Nacional con el de Comercio Nacional, una decisión que significó la salida del empresario colombiano Alex Saab, estrecho colaborador de Maduro. Nombró a Calixto Ortega como vicepresidente sectorial de Economía y Finanzas y designó a Félix Plasencia como su delegado ante Estados Unidos, con la misión de recomponer una relación estratégica para el futuro del país.

Uno de los movimientos políticos más relevantes fue la propuesta de una ley de amnistía general, presentada el viernes último, con el objetivo declarado de “reparar las heridas” de la confrontación política. La iniciativa, en principio, beneficia a presos detenidos desde 1999 hasta la actualidad. Según la ONG Foro Penal, al menos 350 personas fueron excarceladas desde el 8 de enero, aunque aún permanecen en prisión 687 presos políticos, lo que mantiene abierta la presión de organismos de derechos humanos. Entre quienes recuperaron la libertad se encuentran los argentinos Gustavo Gabriel Rivara y Roberto Baldo. Este último fue liberado ayer.

La comandante Delcy

En el terreno militar, Rodríguez asumió un rol inédito para una figura civil del chavismo. El 28 de enero, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana la reconoció oficialmente como comandante en jefe. En una ceremonia en la Academia Militar, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el de Interior, Diosdado Cabello, juraron lealtad a su autoridad. Su primera medida fue crear una oficina para la defensa y seguridad cibernética, en un contexto marcado por la tensión con Estados Unidos.

Analistas coinciden en que su liderazgo representa un desafío para la estructura tradicional del chavismo que funcionó siempre con la hiperconcentración de poder en Chávez y Maduro. Hoy, en cambio, el oficialismo atraviesa un proceso de reconfiguración y supervivencia, forzado por una crisis imprevista.

A un mes de asumir, Delcy Rodríguez logró sostener la gobernabilidad, recomponer vínculos con Washington y lanzar señales de apertura económica, mientras insiste en un discurso de soberanía y diálogo interno. Su gestión se mueve entre la necesidad de negociar con Estados Unidos y la urgencia de preservar la identidad del chavismo en una transición que recién comienza y que cada día pone a prueba los cimientos del poder en la república bolivariana.

​Delcy Rodríguez cumple este jueves su primer mes como presidenta de Venezuela en un escenario inédito: la ausencia de Nicolás Maduro tras su detención en una operación militar de Estados Unidos sin autorización del Congreso norteamericano. En apenas 30 días, la dirigente chavista debió asumir el mando político y militar del país, reorganizar un Gobierno golpeado por la crisis institucional y abrir un canal directo con Washington, al tiempo que proclamó la defensa de la soberanía nacional y la necesidad de una salida política interna.De perfil sobrio, con discursos breves y una imagen de académica, Rodríguez se convirtió en la cara visible de un chavismo obligado a adaptarse a una etapa de transición tutelada por Estados Unidos. Su estilo contrasta con los largos y encendidos mensajes de Hugo Chávez y su sucesor en el despacho mayor del Palacio de Miraflores: intervenciones concisas, anuncios puntuales y un énfasis marcado en la gestión económica. Desde el 5 de enero, cuando juró ante la Asamblea Nacional como la primera mujer en ocupar la presidencia en la historia venezolana, su prioridad fue sostener la continuidad del poder y mostrar capacidad de diálogo con el poder fáctico externo.El acercamiento con la Casa Blanca fue uno de los rasgos centrales de este primer mes. El 14 de enero, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó una conversación telefónica con Rodríguez, a la que calificó de “excelente”, y la describió como una “persona fantástica” con la que su gobierno ha “trabajado muy bien”. A partir de ese contacto, se estableció una agenda bilateral centrada en tres ejes: estabilización, recuperación económica y transición política. La llegada a Caracas de la embajadora Laura Dogu, el sábado pasado, selló el restablecimiento formal de la misión diplomática estadounidense tras siete años de ruptura.Diálogo y autonomíaSin embargo, Rodríguez combinó ese diálogo con un discurso público de afirmación de autonomía. El 25 de enero reclamó que sea la política venezolana “quien resuelva las divergencias” del país, al tiempo que criticó a una oposición sin un espacio definido en el nuevo escenario político. Dos días antes había propuesto un “diálogo político” con sectores coincidentes y divergentes, buscando mostrarse como figura de cohesión interna en un chavismo sacudido por la detención de quien había conducido los destinos del país bolivariano desde el 5 de marzo de 2013.En el plano interno, su gestión evidenció un fuerte acento económico, especialmente en el sector petrolero, área que conoce de primera mano por su paso previo por el Ministerio de Hidrocarburos y por el Ministerio de Economía, Finanzas y Comercio Exterior de Venezuela. El 15 de enero presentó una reforma a la Ley de Hidrocarburos destinada a atraer inversiones extranjeras y dar un giro más abierto -de tono “capitalista”- al manejo del petróleo. La iniciativa fue sancionada por el Parlamento el 29 de enero, en un gesto de respaldo político a su liderazgo.También anunció acuerdos con Estados Unidos para la comercialización de crudo por 500 millones de dólares, de los cuales 300 millones ingresarían directamente a Venezuela. Además, exhibió los primeros avances de su estrategia económica con la firma del primer contrato de exportación de gas licuado de petróleo en la historia del país y prometió inyectar divisas a la banca para estabilizar el complejo sistema cambiario, donde conviven el bolívar y el dólar como referencia de precios.Con equipo propioEn paralelo, impulsó una reestructuración del gabinete. El 16 de enero fusionó los ministerios de Industrias y Producción Nacional con el de Comercio Nacional, una decisión que significó la salida del empresario colombiano Alex Saab, estrecho colaborador de Maduro. Nombró a Calixto Ortega como vicepresidente sectorial de Economía y Finanzas y designó a Félix Plasencia como su delegado ante Estados Unidos, con la misión de recomponer una relación estratégica para el futuro del país.Uno de los movimientos políticos más relevantes fue la propuesta de una ley de amnistía general, presentada el viernes último, con el objetivo declarado de “reparar las heridas” de la confrontación política. La iniciativa, en principio, beneficia a presos detenidos desde 1999 hasta la actualidad. Según la ONG Foro Penal, al menos 350 personas fueron excarceladas desde el 8 de enero, aunque aún permanecen en prisión 687 presos políticos, lo que mantiene abierta la presión de organismos de derechos humanos. Entre quienes recuperaron la libertad se encuentran los argentinos Gustavo Gabriel Rivara y Roberto Baldo. Este último fue liberado ayer.La comandante DelcyEn el terreno militar, Rodríguez asumió un rol inédito para una figura civil del chavismo. El 28 de enero, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana la reconoció oficialmente como comandante en jefe. En una ceremonia en la Academia Militar, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el de Interior, Diosdado Cabello, juraron lealtad a su autoridad. Su primera medida fue crear una oficina para la defensa y seguridad cibernética, en un contexto marcado por la tensión con Estados Unidos.Analistas coinciden en que su liderazgo representa un desafío para la estructura tradicional del chavismo que funcionó siempre con la hiperconcentración de poder en Chávez y Maduro. Hoy, en cambio, el oficialismo atraviesa un proceso de reconfiguración y supervivencia, forzado por una crisis imprevista.A un mes de asumir, Delcy Rodríguez logró sostener la gobernabilidad, recomponer vínculos con Washington y lanzar señales de apertura económica, mientras insiste en un discurso de soberanía y diálogo interno. Su gestión se mueve entre la necesidad de negociar con Estados Unidos y la urgencia de preservar la identidad del chavismo en una transición que recién comienza y que cada día pone a prueba los cimientos del poder en la república bolivariana.  La Voz